Catholic Diocese of Austin
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Catholic Spirit - January, 2006

El llamado a la vocación es hecho una persona a la vez

El Obispo Gregory Aymond, fue nombrado Obispo de la Diócesis de Austin, el 2 de enero del 2001. El guía a 126 parroquias, las cuales integran aproximadamente a 450,000 familias que viven en 25 condados de Texas.

Editor: Obispo Aymond, la diócesis tiene a 30 seminaristas, lo cual representa un sorprendente incremento con respecto al número que se tenía tan solo hace tres años. Sin embargo, se ha previsto que la población católica en general crezca de manera acelerada en los próximos 25 años. Nosotros no vamos a estar en posibilidad de mantener la actual proporción de sacerdotes respecto a la población laica. Durante la asamblea de sacerdotes celebrada el pasado mes de octubre, ellos formaron un grupo de trabajo para atender la necesidad de motivar las vocaciones religiosas y sacerdotales. ¿Cuáles son algunos de los retos para poder alentar más vocaciones?

Obispo Aymond: Durante los últimos 40 años se ha registrado un cambio dramático en el número de seminaristas. Por ejemplo, en los Estados Unidos había 8,325 seminaristas en el año de 1965. Hoy en día, solo existen 3,308. Al principio, algunas personas podrían decir que cambio tan dramático, expresando conmoción. Sugeriría que si usted observa algunas de las influencias sociales, no deberíamos conmocionarnos.

Entre más próspera sea una nación, habrá menos vocaciones. Entre más secularizada sea la nación, habrá menos vocaciones. Entre menos valores cristianos existan dentro de una cultura, menos vocaciones. Donde existe carencia de los valores de la vida familiar, habrá menos vocaciones. Todas estas cosas describen a los Estados Unidos de América. Esto no quiere decir que no exista solución. Sin embargo, esos factores sociales representan una influencia para aquellas personas que están siendo llamadas por Dios, aunque ellas respondan o no de manera positiva.

Editor: ¿Por qué vemos aquí un incremento en el número de seminaristas?

Obispo Aymond: Por el tamaño de nuestra diócesis y en comparación a otras diócesis, nosotros tenemos un importante número de seminaristas. ¿Por qué? Nuestros programas de ministerio en instalaciones educativas son sólidos. Los sacerdotes están más conscientes de la necesidad de invitar a los hombres a que piensen acerca del sacerdocio. Muchos de nuestros laicos han adoptado un papel más positivo en el fomento de las vocaciones. El trabajo de Serra Club en nuestra diócesis es fomentar vocaciones y el Consejo Diocesano de las Mujeres Católicas toma esto como una de sus metas al promover las vocaciones al sacerdocio y la vida familiar. Por otro lado, contamos con el Padre Michael Sis, Director de Vocaciones de tiempo completo, quien constantemente trata de alentar a otras personas, en el caso de que sean llamadas, a decir SI.

Aquellas personas que han ingresado al seminario en los años recientes nos dicen que su ingreso no se debió a que leyeron un libro acerca del sacerdocio o gracias a un cartel o a los anuncios publicitarios. Ellos están considerando su vocación sacerdotal debido a que un sacerdote los ha influenciado y motivado en la fe y quien les ha pedido piensen acerca del sacerdocio. Dios usa a la gente para que haga esta invitación clara y personal.

Editor: Me da gusto que nuestros sacerdotes estén motivando a más hombres para que consideren el sacerdocio. Pero aún existe mucho más gente laica. ¿Qué podemos hacer como padres de familia, profesores, amigos, compañeros de trabajo?

Obispo Aymond: Yo exhortaría y desafiaría firmemente a cada católico en nuestra diócesis para que se una a mí en oración diaria por las vocaciones hacia el sacerdocio y la vida religiosa como hermanas y hermanos. Yo no les pido oren por las vocaciones “para la Diócesis de Austin”. En cambio, pido recen diariamente por esa persona o aquellas personas de su propia parroquia que Dios está llamando a servir a la iglesia como sacerdotes o religiosos. La gente puede no saber todavía por quien pueda rezar, pero creo yo que hay al menos una persona en cada parroquia que está siendo llamado por Dios para servir a la iglesia como líder. Sin el apoyo piadoso de los miembros de la parroquia, ellos enfrentan más dificultades al decirle SI a Dios.

Esto es también difícil porque a menudo cuando la persona le dice a otras personas, algunas veces inclusive miembros familiares, que él está pensando acerca del sacerdocio, se presenta alguna incomodidad o vergüenza.

Ciertamente la iglesia tiene su parte de pecado y errores que ha cometido por medio de aquellos que la encabezan. Al mismo tiempo, los medios de comunicación aprovechan las circunstancias y las capitalizan muy bien no solamente sobre el abuso sexual el cual se dio hace algunos años. Parece que en cualquier momento en que un sacerdote o religioso hace algo malo, ello se convierte en tema de primera página. De diferentes maneras, los medios causan a la Iglesia Católica y a otras religiones un gran perjuicio distorsionando la realidad haciendo más difícil para los jóvenes, hombres o mujeres, el decir que ésta es una forma de vida que desean seguir.

Siempre desafió a los padres de familia para que cooperen con el llamado de Dios hacia su hija o hijo, a no quedarse parados en el camino de Dios. Como obispo y rector de un seminario, he conocido diversos hombres que no contaron con el apoyo emocional y piadoso de un padre de familia o de familiares cercanos. Es triste cuando la gente en la iglesia trata de desmotivar a otras personas a seguir el llamado de Dios.

¿Al enfrentar un acelerado crecimiento en la diócesis y la necesidad de más sacerdotes, no sería interesante si nosotros solo asignamos sacerdotes a aquellas parroquias que han generado vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa? Oh, ya se –– No debo llegar a eso y nosotros nunca podríamos llegar a ello, pero es interesante considerar la posición de que aquellas comunidades de fe que han proporcionado, alentado y fomentado las vocaciones deban ser las primeras en recibir vocaciones.
Al iniciar el año 2006, estaremos pidiéndole a cada parroquia nos envíen nombres de hombres y mujeres jóvenes a los que podamos invitar a una reunión para hablar acerca de la posibilidad o no de tener una vocación. Esta es una manera concreta de hacer extensiva la invitación personal a la gente joven en su propia comunidad de fe.

Editor: ¿Se modificará la manera de seleccionar a los hombres que desean ingresar al seminario, como resultado del reciente documento del Vaticano que restringe a las personas con “profundas tendencias homosexuales” ingresar al propio seminario?

Obispo Aymond: El documento básicamente establece lo que es práctica común de muchas diócesis y seminarios de hoy en día, incluyendo esta diócesis. Nosotros esperamos que una persona esté dispuesta a ser casto y vivir en celibato por el bien del reino.

Editor: ¿Cuáles son las cualidades que debemos tomar en cuenta en una persona que quisiéramos recomendar para el sacerdocio o vida consagrada?

Obispo Aymond: Una persona que es piadosa y verdaderamente ávida de Dios; una persona que ama a la iglesia y que quiere conocer más profundamente lo que enseña la iglesia; una persona que parezca apreciar el ministerio de Jesús y que sea generosa al dar de ellos mismos para el propio magisterio; una persona que cuide de sus semejantes; una persona que muestre integridad y generosidad; una persona que tenga el potencial para ser un líder; una persona que esté dispuesta a hablar acerca de su relación con Dios, aún cuando ésta no sea buena; una persona que valore la castidad; una persona que es emocionalmente estable y bien integrada; una persona que esté abierta a los pensamientos de otras personas e ideas, aún si ellas son diferentes a las suyas; una persona que evite emitir juicios basados especialmente en estándares morales.

Muy a menudo, el llamado al sacerdocio o a la vida consagrada inicia por simple curiosidad. Es a través de la curiosidad o quizá admiración de un sacerdote o religioso que Dios pueda hablar y entonces llamar a la persona a pensar acerca del ministerio.

Editor: Usted mencionó que a menudo el llamado a la vocación de alguien empieza solo con una pregunta o por curiosidad. ¿Cuándo es que alguien necesita decir si, Yo definitivamente tengo un llamado que voy a seguir? ¿Esto sucede antes de que ellos entren a un seminario o a la formación de la vida religiosa?

Obispo: No, esto se da durante el periodo de formación. De hecho, como rector del seminario me ponía nervioso cuando una persona que solicitaba ingresar al seminario me decía, “Yo se que he sido llamado por Dios y voy a ser sacerdote”.

Esta es una vocación a la que uno es atraído y entonces uno debe continuar rezando acerca de la pregunta “¿Es esto lo que quiero?, “¿Es esto lo que Dios quiere?, ¿Dónde se unen mis deseos y los deseos de Dios?, Esto tiene que ser logrado a través de la oración, dirección espiritual y un gran pacto de formación que toma muchos años.

Cuando una persona entra al seminario, ésta inicia un proceso que llamamos discernimiento. Cuando una persona es ordenada, no solamente debe sentirse llamado por Dios, sino que además Dios llama a través de la iglesia, específicamente por medio de la iglesia local. No es suficiente para un hombre decir, yo merezco el sacerdocio o la vida consagrada o pienso que he sido llamado por Dios. Ese llamado debe ser confirmado por el obispo local o el superior de su comunidad religiosa.

Editor: Aún, a pesar del cuidadoso discernimiento y selección, existen católicos que están insatisfechos con su Pastor. ¿Por qué es esto?

Obispo Aymond: Existen ocasiones en que recibo quejas acerca de la nacionalidad de un sacerdote o de su personalidad y de que ellos no son perfectos. Paciencia y amabilidad representan una calle de doble sentido y es importante que estemos agradecidos por los santos sacerdotes que tenemos.

Ninguno de nuestros sacerdotes, incluyéndome a mi mismo, somos perfectos. Somos pecadores. Cometemos errores, pero somos personas íntegras que tratamos de dar nuestras vidas al servicio de la gente de Dios. Sería importante, primero que todo, dar gracias por los sacerdotes que tenemos, apreciar sus dones, sus sacrificios, su vida de dedicación, y entonces fomentar las vocaciones. Siempre es fácil encontrar un error o quejarse del acento de la persona e inclusive de su cultura. ¿Pero no somos llamados a ser agradecidos por los dones que Dios nos ha dado y entonces trabajar unidos para producir más abundantemente para nuestro futuro?

Después de todo, la Iglesia Católica es la única iglesia que es verdaderamente universal. Ya sea que un sacerdote sea de la India, Irlanda, África o México, nosotros somos una sola familia y nuestros corazones deben ser lo suficientemente grandes para reconocer a un hermano o hermana que pertenece a otra cultura. Ellos pueden traernos bendiciones y enseñarnos algo.