Entrevista: Una invitación a explorar la Palabra de Dios

Editora: Señor Obispo, recientemente, en el Evangelio del domingo hemos escuchado a Jesús hablar en parábolas ¿Qué es un parábola?
Obispo Vásquez:
Este año litúrgico hemos estado escuchando el Evangelio de Mateo durante nuestra Misa dominical. Jesús usa parábolas para describir el Reino del Cielo. Una descripción popular de una parábola es una historia terrenal con un significado celestial. Jesús usa parábolas para comunicar efectivamente un aspecto particular de Dios o del Reino Celestial. En éstas parábolas, Jesús usa temas e historias que eran familiares para la gente. Por ejemplo, el sembrador, una semilla, la tierra, la levadura y la masa eran cosas comunes a la gente por que eran gente que trabajaba la tierra. Jesús usa referencias ordinarias las cuales la gente usaba o notaba en sus vidas cotidianas.
Jesús usaba parábolas para expresar la realidad de Dios y de su Reino. Dentro de cada parábola, la actividad de Dios está presente y también nosotros estamos presentes. Yo, particularmente disfruto de las parábolas por que con frecuencia nos ofrecen una sorpresa.  Por ejemplo, en la parábola del Hijo Pródigo, nosotros pensaríamos que el buen hijo, el hijo que no se fue de casa, sería quien sería celebrado, sin embargo no sucede así. En su lugar, es el hijo que se fue y luego volvió el que es celebrado.
El lenguaje que Jesús usa al final de la parábola es muy importante. Mientras que  habla al hijo mayor, el padre dice, “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. (Lc 15:11) Ésta parábola es sobre nuestra relación misericordiosa con Dios el Padre que ama a ambos hijos de manera abundante.
Editora: ¿Por qué piensa que Jesús usó parábolas con tanta frecuencia?
Obispo Vásquez:
Jesús usa parábolas por que las historias son una manera efectiva de comunicarse con el corazón de la gente. Amamos las buenas historias, y amamos a  alguien que es bueno contando historias. Jesús era un maestro usando parábolas para ayudar a la gente a entender a Dios. Con la vasta cantidad de información a nuestro alcance hoy, el reto para nosotros es abrir nuestra imaginación y corazones a Dios mientras que nos rodea la constante demanda de atención por parte de los medios. Una parábola me atrapa, a mí, quien escucha, para convertirme en un participante activa. Incluso después de escuchar la parábola, continúo reflexionando sobre ella en distintos niveles. Mientras continuamos creciendo en nuestra fe, las parábolas toman un significado nuevo para nosotros.
Editora: ¿Cuál es su parábola favorita?
Obispo Vásquez:
Esa es una pregunta difícil por que me gustan muchas de ellas. Obviamente, la del Hijo Pródigo es genial, pero incluso las más simples, como aquella en la que Jesús compara el Reino de Dios con una semilla de mostaza, están llenas de intriga. La semilla más pequeña que se planta y entonces crece como un enorme arbusto en el que los pájaros vienen a descansar. La imagen ahí es que el Reino de Dios pasa casi inadvertido pero crece y se convierte en muy fuerte, y lo permea todo. Los pájaros simbolizan que todos son bienvenidos en el Reino. Nadie es excluido, nadie es dejado fuera.
El Buen Samaritano es una pode-rosa parábola también. El sacerdote y el levita que deberían haber ayudado al hombre judío, caminan dejándolo atrás. Sin embargo, el samaritano que es considerado un enemigo de los judíos es quien se llena de compasión y se detiene para ofrecer ayuda. Él usas sus propios recursos para llevar al hombre herido a un lugar seguro y después se compromete para pagar el continuo tratamiento del hombre. Él se esfuerza por dar a éste hombre el cuidado que necesita. “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” Pregunta Jesús. “El que usó misericordia con él”. Jesús dijo. “Ve, y haz tú lo mismo.” (Lc 10:36) Hay mucha riqueza en ésta parábola, por lo que siempre ha sido una de mis favoritas.
Editora: Para aquellos a quienes les gustaría comenzar a leer las Escrituras y a orar con ellas regularmente, ¿Tiene usted algunas recomendaciones?
Obispo Vásquez:
Les recomiendo comenzar con los Evangelios por que son todos sobre Jesús, el Hijo de Dios. Los Evangelios nos hablan sobre la vida de Jesús y su ministerio públicos. Los Evangelios también responden a la pregunta “¿Quién es Jesús?” Cada uno lo mira a Él de manera única, y aún así son consistentes. Los Evangelios proclaman de manera resonante que Jesús es el Hijo de Dios el Padre que envió a su Hijo al mundo para salvar a la humanidad.
Las Escrituras son la palabra de Dios, pero no son simplemente pa-labras – palabras escritas lo que limitaría el poder de Dios. La Palabra de Dios es lo que está siendo proclamando, lo que está siendo escuchado y luego, lo que está siendo plantado en el corazón de la persona y finalmente cómo esa persona responde a la Palabra.
“La Biblia no es para ponerla en el librero, sino en tus manos, para leerla con frecuencia – cada día, tanto tú solo(a) como con otros,” dijo el Papa Francisco en 2015.
En esa misma plática, el papa dijo que él no cambiaría su “vieja y usada” Biblia por una nueva porque  “es mi Tesoro más preciado”. Él continúo invitando a la lectura de la Escritura “¡con atención!...nunca únicamente repasen superficialmente la palabra de Dios! Pregúntense a si mismos: ‘¿Qué dice esto a mi corazón? ¿Dios me habla a través de estas palabras? Me ha tocado en las profundidades de mis anhelos? ¿Qué debo hacer?’ Sólo de esta manera puede la fuerza de la Pa-labra de Dios desplegarse. Sólo de esta manera puede cambiar nuestras vidas, haciéndolas grandes y hermosas”.
Espero que la gente en verdad escuche o lea la Escritura diariamente. Podemos llevar los Evangelios con nosotros o podemos separarlos en nuestras computadoras. Las lecturas diarias pueden ser fácilmente encontradas en  www.usccb.org/bible/readings.
Editora: ¿Cuál es su oración mientras continuamos el viaje a través del tiempo ordinario?
Obispo Vásquez:
Mi oración es por que crezcamos en una profunda apreciación y amor por la Palabra Santa de Dios. Por que permitamos que la Palabra de Dios eche raíz en nuestros corazones y produzca abundante fruto, para que seamos fieles discípulos de Jesús y respondamos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas que tienen hambre de Dios.