El Obispo ordenará a cinco sacerdotes el 3 de junio

Por Mary P. Walker
Corresponsal 

Con  alegría y en acción de gracias, el Obispo José Vásquez ordenará a los Diáconos Jared Cooke, Joseph Daheim, Doug Jeffers, Jesse Martínez y Brian Phillips al sacerdocio el 3 de junio a las 10:30 a.m. en la Parroquia de St. William en Round Rock. Con edades entre los 26 y los 30 años, cuatro de los jóvenes crecieron en familias y parro-quias Católicas dentro de la diócesis, y uno fue bautizado en la Iglesia Católica durante sus años universitarios.
El Diácono Jared Cooke, de 30 años, nació en Denver y su familia se mudó a Austin cuando él estaba en quinto grado. St. Vincent de Paul en Austin es su parroquia familiar. Él es hijo de Juan y Kari y el más grande de tres hijos. Él describió su vida familiar como “activa, balanceada y ecléctica”.
Durante la preparatoria, él participó en el grupo juvenil de la parroquia, y comenzó la primera organización cristiana en la Preparatoria McNeil. Él mantuvo una fuerte relación con su entonces pastor, el Obispo Daniel Garcia, quien lo llevó a un evento del Proyecto Andrew. Cuando era un estudiante de segundo año de preparatoria, el Diácono Cooke consideró por primera vez que Dios lo estaba llamando al sacerdocio en un programa de verano de concientización sobre la vocación en la universidad de Notre Dame.
Después de la preparatoria, asistió a la Universidad de Texas A & M campus de Galveston, y se transfirió a College Station después de un año. Allí, fue miembro del equipo central de jóvenes de la Parroquia de St. Thomas Aquinas y se comprometió a dos vigilias de una hora de adoración eucarística cada semana. La adoración, el trabajo en el ministerio juvenil y el testimonio del Padre Pío (San Pío de Pietrelcina) influyeron profundamente en su deseo de servir al pueblo de Dios como sacerdote.
“El llamado fue persistente y fuerte durante mi primer año en la universidad,” dijo el Diácono Cooke.
Él se transfirió al St. Joseph Seminary College en St. Benedict, Louisiana, en donde pasó «los tres mejores años de su vida,» y de donde se graduó con una licenciatura en filosofía y artes liberales. Durante ese tiempo, él se encontraba discerniendo si Dios lo estaba llamando a ser un sacerdote diocesano o para unirse a una orden religiosa. Después de graduarse, pasó tiempo con las comunidades capuchinas y benedictinas, pero sintió que Dios lo estaba llamando a la diócesis. El Padre Brian McMaster, entonces director diocesano de vocaciones, lo ayudó a inscribirse en el Seminario St. Mary’s de Houston.
Después de su ordenación, él espera reconectarse con su comunidad Católica del centro de Texas, escuchar confesiones, predicar y enseñar. También tiene un lugar especial en su corazón para el ministerio juvenil.
El Diácono Cooke aconseja a cualquier hombre o mujer joven que considere el sacerdocio o la vida religiosa a que “retroceda y mire su vida en su totalidad. La vida es una bendición de Dios. Él nos conoce mejor que nosotros mismos. La mejor vida es cuando vivimos la vocación que Dios ha escogido para nosotros”.
El Diácono Joseph Daheim, de 27 años, nació en St. Paul, Minnesota. Hijo de Timoteo y Sandra, es el mayor de cuatro hijos, teniendo un hermano y dos hermanas. Su familia se mudó a Temple cuando él era joven, y St. Luke Parish es su parroquia familiar. Asistió a la Escuela Católica St. Mary’s y a la Escuela Preparatoria Católica Holy Trinity.
Después de su primera Comunión, el Diácono Daheim fue un servidor de altar entusiasta. Cada domingo, el pedía a sus padres que fueran a la iglesia temprano para poder substituir si el servidor asignado llegaba tarde. Admirando el ejemplo de su pastor, Monseñor Louis Pavlicek, él fue activo en el grupo juvenil parroquial, lector, ministro extraordinario de la Sagrada Comunión, y asistió a retiros.
“Hubo varios momentos vividos en retiros cuando el Señor puso sobre mi corazón que Él podría llamarme a ser un sacerdote,” dijo el Diácono Daheim.
Después de la preparatoria, pensó en entrar al seminario, pero no creía que el momento era el adecuado. Se inscribió en la Universidad de Dallas, estudiando historia. El Diácono Daheim describió su primer y segundo año como un tiempo de aridez espiritual que Dios usó para ayudarlo a madurar en su fe.
“No sentí mucha intimidad con el Señor. Mirando hacia atrás, el Señor me estaba retando a amarlo de una manera más profunda,” dijo.
Hacia el final de su segundo año, el Diácono Daheim cree que experimentó que Dios lo llamaba directamente a entrar al seminario. En un retiro, él era el portador del incensario para dos sacerdotes que entraban a la iglesia llevando la custodia. Durante el período de adoración que siguió, él cree que Dios le habló en su corazón diciendo: “José, tú eres uno de estos hombres, y te necesito ahora”.
Después de ponerse en contacto con el director de vocaciones diocesanas, se transfirió al Seminario Holy Trinity, graduándose en 2012 con un título en filosofía e historia. Asistió al Seminario St. Mary’s en Houston y al Colegio Pontificio Josephinum en Columbus, Ohio.
Como sacerdote, él espera “compartir la belleza de la paternidad de Dios, especialmente durante el sacramento de la reconciliación y al ofrecer la Misa para la gente”. Él aconseja a aquellos que se preguntan si Dios los está llamando al sacerdocio o a la vida religiosa que sigan el consejo de San Juan Pablo II que dijo “No tengan miedo,” sigan a Dios con un corazón generoso, confiando en que él nos ama y tiene en mente nuestro bien y nuestra felicidad.
El Diácono Doug Jeffers, de 29 años de edad, es hijo de Kent y Kathy Jeffers; tiene un hermano menor y una hermana. Su familia asistió a la Iglesia de Cristo y se estableció en el área de Sugarland-Missouri City cuando él estaba en tercer grado.
En la preparatoria, el Diácono Jeffers tenía interés en la historia. Estudiando la historia del cristianismo, encontró la doctrina Católica sobre la sucesión apostólica, el entendimiento de que los obispos son sucesores de los apóstoles, unidos con y bajo la autoridad del Papa, sucesor de San Pedro.
Mientras estudiaba, se dio cuenta de cuán profundamente se sostenía esta doctrina en la historia de la iglesia primitiva y cómo esto está enraizado en la Escritura. Eventualmente, entender esto fue una de las cosas que lo llevaron a la Iglesia Católica.
Mientras asistía a la Universidad de Texas A & M, comenzó el proceso del Rito de la iniciación Cristiana (RCIA por sus siglas en inglés) en el Centro Católico St. Mary. En otoño de 2006, la lectura del Evangelio en la Misa habló sobre Jesús sanando a un sordo con las palabras “Ábrete”. Durante la homilía se le ocurrió pensar que tal vez Jesús le estaba pidiendo que “se abriera” a ser sacerdote .
“Aún no era Católico, y la idea era emocionante, aterra-dora y me confundía,” dijo el Diácono Jeffers. En ese momento, él no tenía ni idea del proceso de formación al sacerdocio, ni siquiera de que fuera posible para él. Decidió que si el pensamiento persistía, iría a ver a un sacerdote después de haber recibido los sacramentos.
Después de la Pascua, él fue a ver al Padre Brian McMaster, entonces pastor asociado en el Centro Católico St. Mary. Para darle tiempo para madurar en la fe y probar este posible llamado, el Padre McMaster le animó a terminar sus estudios y continuar discerniendo. El Diácono Jeffers creció en su vida de oración y participó en una comunidad de hombres universitarios que estaban discerniendo sobre el sacerdocio y la vida religiosa. En su discernimiento, determinó que Dios lo estaba llamando a servir como un sacerdote diocesano.
En 2010, recibió su licenciatura en historia y filosofía. En ese otoño, entró en el Seminario Holy Trinity. También asistió al Seminario St. Mary’s y al Colegio Pontificio Josephinum.
Como sacerdote, el Diácono Jeffers espera compartir en la misión de Cristo de salvar almas. Él aconseja a otros que están pensando en el sacerdocio o en la vida religiosa que “se confíen a Dios. Si se ponen sin reservas en sus manos, Él va a hacer lo mejor para su vida”.
De 26 años de edad, el Diácono Jesse Paul Martínez creció en Caldwell, siendo St. Mary Our Lady of Lourdes su parroquia familiar. Es hijo de Ernest y Martha, y tiene un hermano menor, Brandon. Cuando tenía 5 años, pensó por primera vez sobre ser sacerdote. La idea persistió en sus ministerios como servidor de altar, lector, y mientras estaba el grupo juvenil parro-quial.

“Primero me acerqué al discernimiento como un intento de averiguar si este llamado al sacerdocio era genuinamente de Dios o simplemente un pensamiento piadoso,” dijo el Diácono Martínez. Antes de su primer año en la preparatoria, él confió –su llamado- a sus padres, que se pusieron en contacto con la diócesis. El Diácono Martínez se reunió con el entonces director vocacional, el Obispo Michael Sis, quien ayudó a guiarlo durante el proceso de discernimiento.
El Obispo Sis hizo arreglos para que el Diácono Martínez tuviera dirección espiritual, que es el proceso y la disciplina de entender el movimiento de Dios en nuestras vidas y responder a lo que Él indica.
Al comienzo de su último año en la preparatoria, acompañado por su padre, el Diácono Martínez se reunió con el Obispo Sis para lo que él pensó que sería otra sesión de información. Concluyeron la reunión iniciando el papeleo para la admisión al seminario.
“Salí de esa reunión muy emocionado y sorprendido de que todo estuviera sucediendo tan rápidamente”, dijo el Diácono Martínez.
Él recibió su licenciatura en el Seminario Holy Trinity de Dallas y estudió teología en el Seminario St. Mary›s y en el Colegio Pontificio Josephinum. Para él, la vida del seminario fue un tiempo para enriquecer su conocimiento y vida de oración, haciendo amistades fuertes, y teniendo la satisfacción de trabajar hacia una misión.
El Diácono Martínez ha encontrado gran consuelo y alegría en el apoyo de su parroquia. El área de Caldwell está especialmente entusiasmada con su próxima ordenación, la primera desde la ordenación del Padre Ed Karasek en 1987.
El Diácono Martínez espera servir al pueblo de Dios a través de la celebración de la Misa y de los sacramentos, y de la vida cotidiana de un sacerdote, diciendo: “Una de mis grandes pasiones es la vida parroquial”.
A aquellos que se preguntan si Dios los está llamando al sacerdocio o a la vida religiosa, él les aconseja no pensar demasiado en lo que les preocupa y estar abierto a los sutiles indicios de Dios.
“Confía en que Dios está trabajando en la iglesia y que Cristo es el principal agente de tu discernimiento y formación,” dijo el diácono Martínez.
El Diácono Brian Phillips, de 28 años, es hijo de Leah Ann y Walter Phillips. Él es el hijo del medio de cinco hijos, con tres hermanas y un hermano. Su familia es miembro de la Parroquia St. Joseph en Bryan y el Diácono Phillips asistió a la escuela cCatólica St. Joseph desde el jardín de niños hasta graduarse de la preparatoria.
Su madre es una enfermera y se convirtió al Catolicismo cuando se casó. Ella recibió la fe con entusiasmo, y las noches en casa incluían la oración o lecturas espirituales. Debido a que ella trabajaba los fines de semana, el padre del Diácono Phillips se aseguró de que todos los niños llegaran a la Misa, incluso cuando eran muy pequeños.
Debido a que su pastor, Monseñor John McCaffrey, era activo en la escuela, el Diácono Phillips tenía muchas oportunidades de ver y experimentar el ministerio de un sacerdote de primera mano. Durante su último año en la preparatoria, él oró por su futuro por medio de una novena a San Juan Bosco, su santo de confirmación. El siguiente Viernes Santo, sintió una fuerte atracción hacia la Cruz, la cual demostraba el amor total y el regalo de si mismo de Dios.
“El sacerdote es un ejemplo vivo de ese regalo total. Había un deseo real en mi vida de imitar eso,” dijo el Diácono Phillips.
Él se puso en contacto con el Obispo Sis, quien entonces era director de vocaciones diocesano, y quien también es originario de Bryan y un alumno de la escuela de St. Joseph. El Obispo Sis visitó a la familia, continuó las discusiones con el Diácono Phillips, y lo ayudó con el proceso de discernimiento.
En 2007, el Diácono Phillips ingresó en el Seminario Universitario de St. Joseph. Los benedictinos, quienes administran el colegio y dirigen a los seminaristas, le ayudaron a crecer en conocimiento, en la oración y en su relación con Dios. Él también aprendió del diverso grupo de hombres que eran sus compañeros seminaristas.
“Conoces a gente de todos los áreas de la vida y de diferentes partes de los Estados Unidos y el mundo. Esas relaciones fueron una gran parte de mi experiencia en el seminario, y aprendí mucho sobre la universalidad de la iglesia “, dijo el Diácono Phillips.
Después de la graduación del seminario universitario, asistió al Seminario St. Mary’s . Como sacerdote, él espera ayudar a la gente a descubrir la misericordia de Dios en las más grandes profundidades de sus vidas y llevarlos a esta misericordia a través del sacramento de la reconciliación.
A aquellos que también están considerando el sacerdocio o la vida religiosa, él les dijo, “Estén abiertos a Dios y permanezcan en oración. Sepan que él los ama y desea sólo su bien”.