El Padre Víctor sirve con amistad y gratitud

Por Peggy Moraczewski
Corresponsal

¿Quién es el hombre pacífico con los ojos brillantes y la sonrisa fácil? Con el ruido de la Navidad en el aire y las decoraciones a nuestro alrededor, él puede ser confundido por Santa Claus, pero Monseñor Víctor Goertz viene trayendo un distinto tipo de regalo. Su mensaje está envuelto en amistad y abre las puertas a una relación personal con Jesús. Monseñor Goertz aconseja “buscar a Dios en lo ordinario de nuestra vida diaria”.
Una primera impresión de Monseñor Goertz es la de un hombre cálido y generoso, quien retiene aún la apariencia de su crianza en un pueblo pequeño, pero no deje que esa voz gentil y ese espíritu sencillo lo engañen. Él es un dínamo empaquetado en el cuerpo de un hombre de 85 años que insiste en ser llamado “Padre Víctor”. Él quiere ser su amigo, no solo un conocido.
Al crecer al sureste de Austin en la comunidad rural de Rockne, cualquier día en la granja familiar de los Goertz puede haber incluido tareas tales como plantar cultivos o  labrar un jardín de vege-tales, amontonar heno, recoger fruta de la huerta, sacrificar cerdos, batir la mantequilla o cuidar de los pollos y pavos. De cualquier manera, todos los días antes de que comenzara el trabajo, oraciones matutinas eran dichas por la familia reunida, algunas de ellas en alemán. El Padre Víctor bromeaba sobre las oraciones de los 12 niños Goertz diciendo, “Dios probablemente necesitaba un intérprete para nuestras oraciones por que nuestro alemán no era muy bueno“.
Casi un siglo después, los frutos de la labor de Rodolfo, llamado cariñosamente “Papá,” y Hettie Goertz son evidentes en las vidas de sus hijos. Los padres Católicos alemanes criaron a todos sus hijos para servir a Dios y continuar la fe Católica. Dos de sus hijos fueron ordenados sacerdotes diocesanos y dos hijas se convirtieron en hermanas Benedictinas dando un total de cerca de 250 años de servicio.
La familia, que es muy unida, se reúne anualmente en octubre en el salón principal de la Iglesia del Sagrado Corazón en Rockne, su parroquia de la infancia. La reunión comienza con la Misa, seguida por una gran cantidad de comida y charla. Una reu-nión, hace varios años, fue especialmente conmovedora, cuando el sobrino del padre Víctor, y su tocayo, le regaló un singular cáliz tallado a mano. Creado de Madera de la granja familiar – pino del granero y cedro de los postes de la cerca – el maestro trabajador de la madera hizo el cáliz con amor.
El Padre Víctor aprovechó la oportunidad de usar este tesoro en la celebración de la Misa de su reunión familiar, y dijo, “Esta Madera ha dejado su antiguo propósito y ha sido renovada por su maestro. Dejemos nuestros viejos seres y transformémonos en la Eucaristía por medio de nuestro maestro”.
El Padre Víctor enfatizó que, tal como el Eucarístico Cuerpo de Cristo, “Somos las manos ampolladas y los pies adoloridos de Jesús en la Tierra, y al recibir (el regalo de) la Eucaristía, nos recibimos unos a otros sin egoísmos”. ¿Cómo puede esto ser un don, y donde han llevado al Padre Víctor sus manos ampolladas y pies adoloridos en su viaje de fe?
Alrededor de los 13 años, el joven Víctor se unió a su hermano mayor, Alois, en el seminario en San Antonio. Esto fue anterior al establecimiento de la Diócesis de Austin (establecida en 1948), donde el Padre Víctor finalmente serviría y en un tiempo en el que hombres jóvenes comúnmente se unían al seminario durante la adolescencia.
Fue durante los años de preparatoria en el seminario en los que él experimentó un despertar espiritual. El Padre Víctor  re-cuerda sentirse como que “estoy haciendo lo correcto, pero no estoy en el lugar correcto (espiritualmente). Durante una homilía dada por uno de los sacerdotes del seminario, de repente, todo se aclaró y supe que Dios me había hablado a través de ese sacerdote.“ Este momento esencial en su vida le señaló el camino hacia el sacerdocio. El Padre Víctor fue ordenado en 1952 y continuó sus estudios en la Catholic University of América en Washington, DC, en donde obtuvo un doctorado en ley canónica. En 1955 regresó al centro de Texas.
Inesperadamente, al Padre Víctor le fue asignado el rol de secretario del Obispo Louis Reicher, el primer obispo de la Diócesis de Austin. Como el único sacerdote diocesano hablante de español de la ciudad de Austin, el joven Padre Víctor  accedió a servir al mismo tiempo como pastor activo de  la parroquia de Cristo Rey “por un par de semanas”.
Ese “par de semanas” se tornó en 16 años, y Padre Víctor se refiere a Cristo Rey con cariño como a su “primer amor”. Su lazo con esta comunidad continúa fuerte hasta el día de hoy.
El Movimiento Cursillista se convirtió en una muy significativa parte del ministerio del Padre Víctor mientras servía en Cristo Rey. A la mitad de los años cincuentas, los Franciscanos trajeron este movimiento a los Estados Unidos desde España y, hasta el día de hoy, el Cursillo tiene influencia sobre retiros tales como RENEW, Kairos, ACTS, CRHP y Awakening (o Despertar, en español).
La vida en los años setentas fue un torbellino para el Padre Víctor, sirviendo en consejos, juntas y tribunales, y siendo director del periódico diocesano y pastor de la parroquia de St. Martin en Tours y de St. Joseph Mission en Elk, mientras servía como Vicario del Ministerio Hispano para la parte norte de la diócesis.
“El decir que sí a tantos mi-nisterios puede que haya sido un signo de locura,” Dijo el Padre Víctor bromeando. Ahí fue donde el Espíritu Santo interrumpió; una interrupción que comenzó con una hospitalización y culminó con una recuperación con sus amigas de toda la vida, las Benedictinas.
Con el Espíritu Santo trabajando, el Padre Víctor comenzó a servir como capellán de las Hermanas Benedictinas en Boerne en 1981. Evolucionando hacia el rol de director de retiros y consejero espiritual, su viaje lo llevó finalmente al Centro Católico de Retiros Cedarbrake en Belton donde sirvió hasta su retiro en el año 2005. Él está agradecido por este ministerio donde tuvo la oportunidad de hablar a la gente sobre hacer crecer sus relaciones con Dios. Fue una oportunidad para hablarles sobre “quiénes somos y de qué se trata nuestra vida, poniendo énfasis en que todos tenemos vocaciones. Todos somos llamados por Dios,” dijo el Padre Víctor.
Sería casi imposible enlistar las maneras en las que el Padre Víctor ha respondido al llamado de Dios o el número de vidas que él ha impactado positivamente a través de los años. Minimizando sus logros personales, el Padre Víctor expresó “gran aprecio por mis compañeros sacerdotes y una gratitud profunda por nuestro ministerio compartido y nuestra amistad”. Dijo que se identifica fácilmente con la declaración del Papa Francisco sobre ser un pecador, pero es aparente que el Padre Víctor lleva una vida de gratitud, la cual gira alrededor de relaciones.
Agradecidamente atento a estas relaciones, el Padre Víctor tiene “en mente a los muchos laicos, mujeres religiosas y clero, compañeros suyos en las alegrías y en las tristezas, dolor y promesa, de la condición humana”.
El Padre Víctor ha vivido en la Residencia para Sacerdotes Juan Pablo II en Georgetown desde 2005 y dijo, “Sentí que estaba en casa cuando abrí la puerta aquí”.
Una querida pintura realizada por Katherine Brown, “Jesús y el Cordero,” también encontró un nuevo hogar aquí. El Padre Víctor dijo que esta pintura estuvo colgada sobre su escritorio por años mientras él servía en Cedarbrake. Él la mostraba a visitantes y a aquellos a quienes aconsejaba y consolaba, preguntándoles qué veían en la cara del cordero. La cara del cordero innegablemente refleja una paz perfecta y contento, y esto, dijo el Padre Víctor, “es exactamente lo que Dios quiere para todos nosotros“.
Al retirarse, con el apoyo y el estímulo de amigos y familiares, el Padre Víctor adoptó la idea de escribir un libro de reflexiones. “Serpenteando a través del misterio” (“Meandering Through the Mystery”, su nombre en inglés) es una compilación de reflexiones espontáneas, que comienzan, 
apropiadamente, con una refle-xión sobre el retiro. 
Como consejo, antes de partir, el Padre Víctor nos dijo que, “Nos convirtamos más como Jesús, observemos e imitemos al Papa Francisco. Él es un evangelio andante“.
“Serpenteando a través del misterio” está disponible (sólo en inglés) a través de la Diócesis de Austin. Las copias cuestan $10 dólares. Para mayor información, llame al (512) 949-2400.

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